El sexto sentido de los diseñadores

Me gusta afirmar que los diseñadores tenemos un sexto sentido. Esto no significa que seamos superiores al resto de profesionales, ni mucho menos, simplemente que logramos captar ciertos aspectos que otras personas no logran vislumbrar y los usamos para llegar a nuestros propósitos

El diseño es, desde tiempos inmemorables, una de las «herramientas» más esenciales, no solo para resolver problemas o cubrir necesidades, sino también para conectarnos y comunicarnos como especie, desde la función a la forma. Hemos sabido hacerlo bien durante mucho tiempo a través de diferentes caminos, pero a día de hoy parece que nos encontramos faltos de claridad (aunque es una opinión completamente subjetiva que algunos y algunas compartiréis o no).

También, me gusta pensar que este sexto sentido puede venir del talento o del trabajo. Aunque, por experiencia, he podido comprobar que de nada sirve el talento si éste no trabaja lo suficiente.

Nuestro objetivo: cuestionarnos nuestra propia profesión.

Bajo esta premisa, hace unos meses varios compañeros y amigos del sector tomamos la iniciativa de informarnos y preguntar qué estaba pasando.

Hablo de la incomprensión, del no entendimiento común que tenemos como gremio, y del fanatismo por crear etiquetas que nos separan (algunas completamente innecesarias) en detrimento de encontrar lo que nos une. Se habla de diseño UX, UI, diseño de producto, diseño de servicio, y un largo etcétera. Es así: existe una obsesión por limitar los campos de acción de cada especialización. No entendíamos por qué pasaba esto, por qué esta tendencia distanciadora, así que nos decidimos a preguntar a los más expertos y experimentados del sector (entre otros y otras, César Astudillo, Luz de León, Mario Sánchez, Pilar de Terán, etc.) Pero también quisimos escuchar a jóvenes profesionales que comenzaban a hacer sus pinitos como diseñadores, y así conocer qué opinaban, qué sentían y qué oían.

A priori, el problema estaba claro: había muchas etiquetas que solo hacían dividirnos y confundirnos, limitando nuestro trabajo. Y no solo a nosotros, sino también a las disciplinas colindantes como negocio y tecnología (por no hablar de los clientes, que también). El cuerpo nos pedía tirar por este camino: crear algo así como una wiki donde desarrollar y explicar cada especialización para que todos estuviéramos alineados y entendiéramos lo mismo. Pero charlar con aquellos diseñadores que llevaban más años en el sector nos iluminó y nos hizo ver que el verdadero problema no es que no entendamos esas etiquetas, sino que habíamos olvidado lo que nos une, lo que somos por encima de simples etiquetas. Y así es cómo surgió nuestro propósito: Kristala. Quizás un afán temerario de intentar hacernos ver que tenemos una capacidad de reconocer la esencialidad de las cosas, y a la vez la capacidad de magnificarla jugando con la estética. Pero es lo que tiene ser diseñador, que a veces se trabaja por iniciativa propia, y no respondiendo a un briefing.

Obtuvimos la conclusión de que de nada servía preguntarnos qué hacía una especialización u otra, el porqué de tantas etiquetas y tanta confusión de hasta dónde llega el trabajo de unos y dónde comienza el de otros. De nada servía saber todo esto si realmente lo que está ocurriendo es que estamos olvidando de dónde venimos, qué somos y, sobre todo, del papel fundamental que podemos llegar a tener en muchos ámbitos como el social y el ecológico.

Nuestro nexo común: ser el nexo del resto.

Al final, eso es lo que somos: nexos. Diseñando productos digitales, por ejemplo y entre otras tareas, acercamos la tecnología a las personas lo más transparente y directo posible, conectándolas entre ellas. Con las personas de negocio, tenemos el trabajo de ayudarlas a aterrizar sus ideas innovadoras y transformadoras haciéndoles ver todas las variables a tener en cuenta para que aporten el máximo valor a las personas. E incluso, podemos llegar a idear e innovar por nuestra cuenta gracias, entre otras cosas, al pensamiento de diseño que tanto abanderamos.

Pocas veces lo he visto y sentido, pero cuando todo funciona como un engranaje que cumple su cometido, donde todas las disciplinas involucradas en una creación funcionan a la perfección, la sensación de realización te envuelve (aunque siempre hay rencillas, como en todo).

En una de sus charlas, César Astudillo mencionó en una ocasión varias posibles definiciones sobre qué es el diseño según Milton Glaser que creo deberíamos grabarnos a fuego todos para no perdernos en las etiquetas. Son definiciones bastante maximalistas, pero que sin duda establecen un sentido a nuestro propósito con y para las personas:

«El diseño se puede definir como la intervención en el flujo de los acontecimientos para provocar un efecto deseado.

También, podemos definirlo como la introducción de la intención en los asuntos humanos.

Otra es que el diseño mueve las cosas de un estado existente a otro preferido.

El diseño no tiene por qué tener un componente visual. En última instancia, de cualquier acción dotada de propósito podríamos decir que es un acto de diseño».

Milton Glaser
Charla de César Astudillo donde menciona las definiciones de diseño según Milton Glaser

Éstas nos definen a todos. Indiferentemente de nuestra especialización, todos podemos sentirnos reflejados. Pero, muy a mi pesar, lo hemos olvidado. Nos hemos centrado en querer ser talentosos sin apenas esmero, siguiendo una senda mágica que nos han ilustrado y que sí, funciona, pero sin anteojeras funcionaría mejor. Puede que dentro de no muchos años, esta senda ya no sirva, y extrañemos más que nunca ese sexto sentido que se fue deteriorando con el paso del tiempo, como si de un músculo al que no hemos dado el trabajo suficiente para mantenerse fuerte se tratara. Las fronteras entre las especialidades del diseño son muy finas y difusas, por lo que no solo hay un camino de cómo diseñar, sino varios, e incluso podemos ir saltando de uno a otro para llegar a donde queremos. ¿Por qué conformarnos? ¿Desde cuándo un diseñador se ha conformado? En nuestro ADN está el querer hacerlo mejor constantemente, pensar diferente, ser mejores diseñadores. Seamos abiertos de miras, que es lo que nos caracterizó y nos otorgó ese sexto sentido.

Diseñar para conectar. Para solventar. Para emocionar. Para comunicar y hacer de la vida algo mejor. Diseñar entre la utilidad y el deleite, como dijo Javier Cañada. No solo para solucionar problemas, ya que no tiene por qué existir un problema para que el diseño participe. También pueden existir únicamente necesidades a cubrir. Es lo que nos seguirá valiendo para seguir haciendo lo que nos completa. ¿Cómo vamos a saber explicar lo que somos capaces de hacer y lo que nos define si ni siquiera lo tenemos claro nosotros?

Nuestros caminos son diferentes para llegar a un mismo destino.

Antes que diseñadores de experiencia de usuario, de interfaz, visuales, de producto, de servicio, etc., somos diseñadores. Y eso es lo que nos une entre nosotros y lo que hace que unamos a las personas. No somos silos, sino unidades interconectadas que dependen las unas de las otras para lograr las metas que nos propongamos.

Cada rol dentro del paraguas del diseño tiene una forma de proceder diferente, pero un mismo objetivo. No es el mismo camino el que recorre un diseñador de productos que otro de servicios, ni las mismas tareas, pero ambos acabarán en el mismo destino y las experiencias que hayan vivido cada uno durante su camino las compartirán para que el resultado conjunto sea mejor. El hecho de que trabajemos de forma ligeramente diferente, hace de nuestra profesión una de las más ricas en adaptabilidad, realización y reciprocidad.

Invito a que mantengamos ese sexto sentido (o como lo queráis etiquetar) despierto y vivo, el mismo que tanto nos caracterizó y nos caracteriza.


Nuestro aporte a la Comunidad Kristala.

En sintonía con el artículo, me gustaría recomendaros la siguiente lectura que, auguro sin duda, os abrirá los ojos y os hará ver lo esencial, como bien se titula el libro, que puede llegar a ser nuestro oficio. Perderse en las etiquetas y en lo estético no debe adelantar a la capacidad que tenemos de sentir y percibir la esencialidad de las cosas (para comprar el libro, clic en la imagen)

Lo esencial. Una guía de diseño para la vida. Miguel Milá
«Lo esencial», de Miguel Milá

Miguel Milá es un diseñador octogenario que ha dedicado la mayor parte de su vida a diseñar, lo que él llama, objetos esenciales. En este libro, Miguel nos desvela la verdadera esencia que nos mueve como diseñadores, y que nosotros podemos trasladar a cualquier campo profesional.


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